Los días en la Tierra duran más y la ciencia aún no puede explicarlo

Si el proceso se intensifica, podría afectar a tecnologías como el GPS e Internet.

Los relojes atómicos, combinados con mediciones astronómicas precisas, han revelado que la duración de un día en la Tierra se alarga repentinamente y los científicos no saben por qué. Aunque en las últimas décadas la rotación de la Tierra se ha acelerado, desde 2020 esa aceleración constante ha cambiado curiosamente a una desaceleración: los días se vuelven más largos nuevamente y la razón es hasta ahora un misterio.

Dos investigadores de la Universidad de Tasmania, en Australia, sostienen en un artículo publicado recientemente en The Conversation que la Tierra atraviesa en los últimos dos años un proceso de desaceleración de su rotación, que lleva a días más largos. Sin embargo, la aceleración que se venía notando en los últimos veinte años llevó a registrar el día más corto el 29 de junio de 2022. Ahora, la tendencia se ha revertido y promete intensificarse a largo plazo.

Según los científicos, este cambio de tendencia no tiene precedentes en los últimos 50 años: de volverse más pronunciado, podría poner en riesgo sistemas claves para el funcionamiento cotidiano de nuestro planeta, como la navegación GPS o Internet. ¿Cuál es la causa de esta variación, que nos lleva de los días más cortos jamás registrados a una nueva extensión de su duración?

NO TODOS LOS DÍAS DURAN 24 HORAS

Aunque el reloj de nuestro smartphone nos indique que cada día tiene exactamente 24 horas, en realidad cada jornada no dura precisamente 86.400 segundos. Leves cambios llevan a la Tierra a modificar el tiempo que le toma completar una sola rotación, un giro en torno a su propio eje. Las variaciones ocurren durante períodos de millones de años o casi instantáneamente: fenómenos como los terremotos y las grandes tormentas pueden desempeñar un papel importante en esas modificaciones.

En realidad, cualquier mínimo cambio en las masas que inciden sobre el interior y la superficie de la Tierra producen variantes en el tiempo exacto de rotación. Si observamos a una bailarina de danza clásica, podemos apreciar que puede girar con mayor velocidad cuando lleva sus brazos hacia su cuerpo, el eje alrededor del cual gira. Con la Tierra sucede algo similar: la distribución de las masas que la afectan hace que su velocidad de giro se incremente o se reduzca.

La conexión entre el interior y la superficie de la Tierra también entra en juego: los terremotos de mayor impacto pueden cambiar la duración del día, aunque normalmente en pequeñas cantidades. Por ejemplo, el Gran Terremoto de Tōhoku de 2011, en Japón, que alcanzó una magnitud de 8,9 en la escala sismológica de Richter, aceleró la rotación de la Tierra en alrededor de 1,8 microsegundos. Parece insignificante para nuestra visión, pero para el planeta no lo es.

En el mismo sentido, los ciclos quincenales y mensuales de las mareas mueven masas alrededor del planeta, generando cambios en la duración del día de hasta un milisegundo en ambas direcciones. El movimiento de nuestra atmósfera y las corrientes oceánicas también desempeñan un papel trascendente, hasta incluso las capas estacionales de nieve, las lluvias o la extracción de agua subterránea pueden alterar la duración del día.

UN GIRO SÚBITO E INEXPLICABLE

Aproximadamente desde la década de 1960, los radiotelescopios de todo el planeta han comenzado a obtener estimaciones muy precisas de la velocidad de rotación de la Tierra. Una comparación entre estas estimaciones y un reloj atómico ha revelado una duración del día aparentemente cada vez más corta en los últimos años.

Sin embargo, un nuevo dato sorprende a los científicos: al eliminar las fluctuaciones de la velocidad de rotación que sabemos que ocurren debido a las mareas y los efectos estacionales, la tendencia al acortamiento de los días parece revertirse. Aunque la Tierra alcanzó su día más corto en 2022, la trayectoria a largo plazo parece haber pasado de días más cortos a días más largos desde 2020.

Esta súbita variación, que no tiene antecedentes en las últimas cinco décadas, no ha podido aún ser explicada por los científicos. Una explicación posible sería el llamado “bamboleo de Chandler”, una pequeña desviación en el eje de rotación de la Tierra con un período de aproximadamente 430 días. Algunos datos muestran que este proceso podría estar relacionado, pero los investigadores australianos tienen otra idea.

Al parecer, nada específico habría cambiado dentro o alrededor de la Tierra. Simplemente se trataría de efectos de marea a largo plazo, que al trabajar en paralelo con otros procesos periódicos habrían llevado a producir un cambio temporal en la tasa de rotación de la Tierra. Si a futuro el planeta cambiara a días aún más largos, es posible que debamos incorporar un “segundo bisiesto negativo”: periódicamente, los cronometradores insertan segundos bisiestos en nuestras escalas de tiempo oficiales para que no pierdan la sincronización con la Tierra, pero hacerlo en sentido negativo no tiene precedentes y podría poner en jaque a Internet.

EPE