Se difunde que la teoría de la relatividad de Einstein fue inspirada por David Hume (y Hume por el budismo)

En una carta de 1915, Einstein reconoce que la filosofía de hume fue fundamental para que formulara la teoría de la relatividad. De manera fascinante, hume podría haber sido influido por el budismo en el desarrollo de algunas de sus ideas centrales.

Numerosos medios han difundido esta semana -como si fuera algo nuevo- la importante influencia que tuvo en Einstein la lectura del filósofo escocés del siglo XVIII David Hume, particularmente su libro A Treatise of Human Nature, del cual recibió la inspiración para formular su teoría general de la relatividad. Einstein le comentó esto a Moritz Schlick en 1915, y según medios como The Telegraph o Daily Mail dicha información es una novedad, pues la Universidad de Edimburgo acaba de “descubrir” una carta en donde se habla al respecto.

Ahora bien, la influencia de Hume en Einstein ya era conocida, como puede constatarse por diversos trabajos académicos que tratan sobre la influencia de Hume y Ernst Mach en la concepción de la teoría de la relatividad. En realidad, esta carta sólo reemergió a la luz pública.

A grandes rasgos, lo que la filosofía de Hume le permitió a Einstein fue liberarse “del axioma del carácter absoluto del tiempo, o de la simultaneidad”, y de aquí a la noción de que el tiempo y el espacio son relativos. La filosofía de Hume es especialmente reconocida por tratar al tiempo y al espacio como conceptos que dependen enteramente de nuestras sensaciones o impresiones, y por lo tanto no alcanzan una verdad metafísica como representaciones de la realidad (su influencia en Kant, quien luego desarrollaría más estas ideas, sería enorme). Hume famosamente llegó a sugerir que la noción del alma -o el yo- es sólo un concepto que emerge de la (ilusoria) concatenación de impresiones sensibles en la memoria. Para hacer esta historia más fascinante aún, es posible que esta idea le haya llegado a Hume del budismo.

El notable trabajo académico de Alison Gopnik ha demostrado que es altamente probable que Hume haya sido influido por ideas budistas, algo que parecería sumamente improbable en 1735, cuando Hume estaba escribiendo su influyente tratado. Pero, de manera sorprendente, sabemos que Hume pasó 2 años en La Flèche, lugar donde también estaba ubicado un colegio jesuita. Notablemente, ese sitio fue visitado años antes por Ippolito Desideri, un monje misionero que viajó al Tíbet en 1716  y vivió 5 años en monasterios budistas. De esta experiencia produjo el primer libro escrito por un europeo sobre el budismo, y algunas personas sugieren que su texto podría haber sido el de mayor autoridad en el tema durante unos 150 años. Desideri escribió sobre el karma, la vacuidad (o relatividad de todos los fenómenos), la ausencia de un yo fijo, etc. Incluso tradujo una obra del fundador del linaje gelug del Dalái Lama, Tsongkhapa, al italiano. Gopnik cree que un manuscrito de este texto podría haber sido parte de la biblioteca de los jesuitas con los que Hume tuvo contacto.

Pero sólo esto no sería suficiente para establecer una hipótesis de peso. Gopnik descubrió que quizá la única otra persona con conocimiento académico del budismo en esa época, el padre Charles Francois Dolu, quien viajo a una expedición a Siam donde tuvo contacto con un reino budista, vivía en La Flèche en el mismo período en el que Hume escribía su texto. Además hay documentos que muestran que Dolu conoció a Desideri, y seguramente discutieron la filosofía budista (la cual Desideri condenó como anatema, pese a que evidentemente le produjo el más delicado interés).

Asimismo, se tiene conocimiento de que Hume citó como una de sus influencias el Diccionario histórico y crítico de Pierre Bayle, y especialmente su entrada sobre Spinoza, donde se lee que “filósofos orientales” negaron la existencia de Dios y argumentaron a favor de la “vacuidad”.

Gopnik concluye que es altamente probable que Hume, viviendo en La Flèche, se haya topado con al menos un resumen de las ideas del budismo, las cuales podrían haber sido centrales, justo el empujón que necesitaba -de la misma manera que sus ideas lo fueron para Einstein- para desarrollar sus argumentos más controversiales. Curiosamente los budistas, al explicar lo que significa la teoría del anatman o ausencia de yo, señalan que se trata de la relatividad de todas las cosas condicionadas, es decir, que el yo no existe de manera independiente, sino en relación a las impresiones sensibles y las designaciones conceptuales. Extrañamente podríamos concluir, aunque esto es sólo especulativo, que el budismo acabó influyendo en la teoría de la relatividad de Einstein.

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