Los secretos de Silicon Valley, desvelados por una veinteañera

Jane Manchun Wong mantiene a los tecnólogos atentos usando solo su propia habilidad de programación.

Poco después de la medianoche del 4 de mayo de 2018, Jane Manchun Wong tuiteó su primer “descubrimiento”. “¡Twitter está trabajando en los DM (mensajes directos) secretos de cifrado de extremo a extremo!”, escribió.

Esta joven asiática tan solo tenía 23 años por aquel entonces, pero logró exponer los planes de una empresa de las Big Tech sin más herramientas que su propia capacidad para aplicar la ingeniería inversa de código. Fue (y sigue siendo) algo bastante radical y ha cambiado la forma de trabajar de las empresas tecnológicas.

Ese tuit fue el primero de muchos de Wong. Al acceder al código fuente público de empresas como Twitter, Facebook y otras, Wong ha podido averiguar en qué funciones y proyectos trabajaban en secreto estas empresas, antes de su anuncio público. Wong tuitea la información que encuentra con una captura de pantalla de la función simulada, y observa cómo internet hace lo suyo.

Wong tiene ahora 27 años y una habilidad sobrenatural para descifrar códigos difíciles, además de una considerable cantidad de seguidores en Twitter que incluye algunos de los nombres más importantes de la tecnología y del periodismo. En cuanto accede al back-end del código de sitios web para ver con qué trabajan los ingenieros de softwaretodos esperan sus descubrimientos con mucho interés.

“Básicamente, ya no existe una versión beta secreta para las apps más importantes del mundo”, afirma Casey Newton, fundador de la popular publicación sobre tecnología Platformer en SubstackSi está incluida en el código, Jane podría encontrarla. Creo que eso afecta a la manera en la que las empresas piensan en probar nuevas funciones y comunicarlas”.

No es el trabajo de Wong hacer esto. De hecho, para ella, la ingeniería inversa del código es como un hobby. “Simplemente me gusta profundizar en las apps y ver cómo están estructuradas”, señala desde su casa en Hong Kong (China), donde vive con su familia. Wong no es una hacker; todos los datos de los que deriva su información son públicos. Sería más como la versión informática de Gossip Girl.

El feed de Twitter de Wong es una fábrica de primicias casi diarias, pero la mujer insiste en que nada de lo que publica es una filtración. “Las filtraciones se basan en información proveniente de empleados, que son la fuente”, explica y añade: “Yo uso los datos y código disponibles públicamente. No son filtraciones”.

Wong se ha ganado la reputación de tener siempre la razón. Los periodistas citan su trabajo en artículos, acreditando sus primicias. “Al principio, la gente se preguntaba: ‘¿Quién es esa persona? ¿Cómo tiene esta información?'”, resalta Wong, que apunta: “Gané su confianza con el tiempo. Hay que demostrar que la información es válida“.

Ha llegado al punto en el que las empresas crean huevos de Pascua para que Wong los encuentre. Newton destaca que muchos han renunciado a tratar de ocultar su código y simplemente siguen el juego. “Incluso ha habido casos en los que los desarrolladores ponían un mensaje del estilo ‘Hola, Jane’ en su código”, indica. “Saben que viene”.

El trabajo de Wong hace que se preste atención a las partes de investigación y desarrollo de las empresas, a menudo ignoradas, algo que puede ser una ventaja para las relaciones públicas. Los programadores de Meta la adoran tanto que han creado un club de fans interno de Jane Manchun Wong, que cuenta entre sus miembros con Andrew Bosworth, CTO de la empresa. “Valoramos sus contribuciones y comentarios que ayudan a mejorar nuestros productos”, explica el portavoz de Meta.

Pero aunque saben que Wong va a venir, eso no significa que siempre le den la bienvenida. La espectacularidad y la sorpresa son elementos clave para mantener el aura que rodea un lanzamiento tecnológico o una presentación de nuevas funciones. Wong ha descifrado estos secretos, rompiendo los muros cuidadosamente construidos por las empresas tecnológicas. Con un tuit, destruye de manera eficaz cualquier creación o narrativa que tengan esas compañías sobre una nueva función.

De hecho, esta es precisamente la razón por la que Wong asegura que tuitea las funciones antes de que se hagan públicas. Para ella, el secreto y la subsiguiente exageración son problemáticos. Las apps las utilizan las personas. ¿No deberían esas personas saber en qué actualizaciones y productos se trabaja detrás de las escenas?

No es difícil imaginar que las empresas podrían estar descontentas con una celebridad de las redes sociales que revela sin contemplaciones sus secretos en Twitter. Y como mujer asiática de veintitantos años que publica un flujo constante de bombazos sobre compañías tecnológicas en Twitter, Wong es objetivo principal para el tipo de acoso y troleo que puede afectar incluso a las personas más fuertes. “Me gustaría que más gente se diera cuenta de que soy una persona”, subraya. “Soy algo más que una máquina”.

Es una dinámica polémica que le ha afectado profundamente. En varias ocasiones, a lo largo de los años, ha tuiteado que está deprimida y siente que la gente la odia. Ha sido abierta sobre sus problemas de salud mental y confiesa que sigue lidiando con la depresión.

Aunque Wong describe lo que hace como un pasatiempo, a veces ha sido más una obsesión: solía pasar casi 18 horas al día analizando el código y comprobando en qué trabajaban las empresas. Sacrificaba su sueño y su salud, a veces encerrándose en casa durante días cuando el acoso se volvía demasiado grande. Algunas veces, ha ido tan lejos que amenazó con suicidarse después de recibir burlas onlineDejó la Universidad de Massachusetts en Dartmouth (EE UU), unos meses antes de graduarse debido a problemas médicos, algo de lo que se arrepiente.

¿Merece la pena todo esto? Wong cree que sí y que ha notado que las empresas son más transparentes sobre en qué trabajan en estos días. “Si lo hubieran sido antes, yo no tendría que hacer esto”, resalta la mujer.

Durante la pandemia, Wong ha modificado y reestablecido su horario. Todavía es un búho nocturno, pero está empezando a encontrar el equilibrio. Ha empezado a pasear por las afueras de la ciudad y ha encontrado refugio en una cafetería local ubicada en una iglesia cercana.

La cuarentena también le ha hecho darse cuenta de que no quiere dedicarse a tiempo completo a este trabajo. “He querido ser ingeniera de software desde que tenía seis años”, recuerda. “Quiero crear cosas”. Pero no está lista para conseguir un trabajo en el sector tecnológico, a pesar de que ha recibido numerosas ofertas. “Todavía no he llegado al fondo de mi curiosidad por esto”, admite. “Cuando satisfaga esa curiosidad, pararé. Seguiré adelante”.

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