Las asombrosas formas de vida minúsculas del hielo

Para sorpresa de muchos, un estudio reciente revela que el hielo de Groenlandia rebosa vida, tanto en la superficie como bajo ella. Hay allí organismos microscópicos que hasta hace poco la ciencia no tenía ni idea de que existieran. Incluso hay muchos indicios de que algunas de esas diminutas criaturas oscurecen el hielo y hacen que se derrita más deprisa.

Los autores del estudio han encontrado más de 4.000 especies de microorganismos en lugares como este. / Laura Halbach

En la capa de hielo de Groenlandia no hay plantas, y muy pocos animales. La gente rara vez viene aquí. Tan inhóspito medio es considerado a menudo como un desierto de hielo.

Los resultados del estudio mencionado indican que la capa de hielo de Groenlandia no es en absoluto un desierto de hielo, sino que hay mucha más vida en él de lo que se creía.

El equipo que ha realizado la investigación lo integran, entre otros, Alexandre Anesio y Laura Halbach, ambos de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, así como James A. Bradley, del Centro Alemán de Investigación en Geociencias (GFZ)

Los autores del estudio han descubierto que en la capa de hielo de Groenlandia hay cuantiosos microorganismos que se han adaptado a la vida en el hielo. Y no estamos hablando de un par o tres de especies; hay varios miles de especies.

“Un pequeño charco de agua de deshielo en un glaciar puede albergar fácilmente 4.000 especies diferentes viviendo en él. Subsisten a base de bacterias, algas, virus y hongos microscópicos. Es todo un ecosistema que no sabíamos que existía hasta hace poco”, destaca Anesio.

En los últimos 50 años, la comunidad científica y el público en general se han sorprendido una y otra vez por la resistencia de la vida, y los libros de biología han tenido que ser reescritos.

Por ejemplo, se ha encontrado vida a varios kilómetros bajo tierra, donde no hay ni sol ni oxígeno. Miles de millones de microorganismos “comen” minerales del lecho rocoso y así pueden sobrevivir.

Otro ejemplo es el hallazgo de que algunas formas de vida pueden sobrevivir en el espacio mucho más tiempo de lo que se creía posible. En 2007, unos investigadores europeos colocaron una colonia de más de 3.000 tardígrados (animales microscópicos conocidos popularmente con nombres como “ositos de agua”, en la parte externa de un satélite, que fue puesto en órbita alrededor de la Tierra. La nave permaneció en órbita 10 días, tras los cuales regresó a la Tierra. Nada menos que el 68% de los tardígrados sobrevivieron esos diez días de exposición al vacío del espacio y a la radiación muy dañina que por él circula.

Por tanto, puede que no sorprenda que la vida también prospere en los glaciares. Sin embargo, hasta hace poco, se creía que el hielo tenía muy pocos nutrientes para sustentar la vida. Ahora se ha visto que esto no es así.

En el hielo, hay alimento, aunque en cantidades increíblemente pequeñas, tal como han comprobado ahora Anesio y sus colegas.

Uno de los microorganismos del hielo a los que los investigadores dedicaron más tiempo es una pequeña alga negra. El alga crece sobre el hielo y lo tiñe de negro.

Hay una razón importante por la que el alga negra resulta tan interesante para los investigadores. Cuando el hielo se oscurece, deja de reflejar luz solar y pasa a absorberla, lo que incrementa su temperatura, provocando su derretimiento. Por tanto, las algas desempeñan un papel importante en el calentamiento global.

En los últimos años, las algas han oscurecido zonas cada vez más grandes de la superficie de hielo, haciendo que la zona se caliente y que el deshielo avance aún más rápido. Anesio ha calculado que las algas aumentan el deshielo en un 20 por ciento.

Las algas en el hielo también existían antes de que el hombre provocara el calentamiento global con la industrialización. Sin embargo, el cambio climático hace que la primavera llegue cada vez más pronto al Ártico y, como consecuencia, las algas tienen una estación meteorológica más larga para crecer y extenderse.

Anesio y sus colegas exponen los detalles técnicos de su investigación y de los hallazgos que han hecho en la revista académica Geobiology, bajo el título “Active and dormant microorganisms on glacier surfaces”.

NCYT