La ciencia puede cambiar lo que sabemos sobre la historia de la Luna

Las muestras recogidas por la expedición china Chang’e 5 podrían transformar lo que suponíamos sobre la trayectoria volcánica del satélite. Conocer más sobre su pasado también ayudaría a descubrir más acerca de la geología de otros planetas y la posibilidad de vida extraterrestre.

La Luna pudo haber tenido más actividad volcánica de lo que pensábamos.

Las muestras lunares que la nave espacial Chang’e 5 de China trajo a la Tierra están revelando nuevas pistas sobre los volcanes y las llanuras de lava en la superficie de la Luna. En un estudio publicado la semana pasada en Science, los investigadores describen las muestras de lava más recientes jamás recogidas en la Luna.

Las muestras fueron tomadas de la región Oceanus Procellarum, conocida por haber tenido enormes lagos de lava que se solidificaron en la roca basáltica. La muestra que analizaron más de cerca indica que la Luna experimentó una era de gran actividad volcánica que duró más de lo que los científicos pensaban anteriormente.

Los investigadores compararon los fragmentos de esa muestra para determinar cuándo había cristalizado el magma fundido, y los resultados los sorprendieron. En sus primeros años de vida, los cuerpos pequeños y rocosos como la Luna generalmente se enfrían más rápido que los más grandes. Pero las nuevas observaciones mostraron que ese no era necesariamente el caso de nuestro vecino celestial más cercano.

El profesor de geología de la Universidad Curtin en Perth (Australia) y coautor del estudio, Alexander Nemchin, afirma: “La previsión es que la Luna es tan pequeña que probablemente moriría muy rápidamente después de su formación. Esta muestra tan reciente contradice esta idea y, de alguna manera, deberíamos replantear un poco, o quizás bastante, nuestra visión de la Luna“.

Mediante la datación isotópica y la técnica basada en la cronología de los cráteres lunares, que estima la edad de un objeto en el espacio en parte contando los cráteres en su superficie, el equipo determinó que la lava fluyó en Oceanus Procellarum hace tan solo 2.000 millones de años.

Chang’e 5 fue la primera misión de retorno de muestras lunares de China y la primera sonda en traer el material lunar desde 1976. Después de su lanzamiento a finales de noviembre de 2020 y su regreso a principios de diciembre de 2020, es una de al menos ocho fases en el programa lunar de China para explorar la totalidad de la Luna.

Nemchin explica que no hay evidencia de que los elementos radiactivos que generan calor (como potasio, torio y uranio) existan en altas concentraciones debajo del manto de la Luna. Eso significa que esos elementos probablemente no causaron estos flujos de lava, como habían pensado antes los científicos, así que tendrán que buscar otras explicaciones sobre cómo se formaron.

La historia volcánica de la Luna podría enseñarnos más sobre la Tierra. Según la teoría del gran impacto, la Luna podría ser solo un trozo de la Tierra que se separó cuando nuestro planeta chocó con otro.

El profesor asociado de ciencias terrestres y planetarias de la Universidad de Washington en St. Louis (EE. UU.) Paul Byrne, que no participó en este estudio, resalta: “Cada vez que obtenemos información nueva o mejorada sobre la edad de las cosas en la Luna, eso tiene un efecto dominó no solo para comprender el universo, sino también para el vulcanismo e incluso la geología general en otros planetas“.

La actividad volcánica no solo dio forma a la apariencia de la Luna (esos viejos lechos de lava son visibles a simple vista hoy en día como enormes manchas oscuras en la superficie de la Luna), sino que incluso puede ayudar a responder a la pregunta de si estamos solos en el universo, asegura Byrne.

“La búsqueda de la vida extraterrestre requiere en parte comprender la habitabilidad”, concluye Byrne. La actividad volcánica tiene un papel en la creación de atmósferas y océanos, componentes clave para la vida. Pero queda por ver qué nos indican exactamente estos nuevos hallazgos sobre la posible vida en otros lugares.

MIT