La capa de nieve de los Andes persiste

En algunas partes del mundo, las montañas nevadas sirven como depósitos naturales de agua, almacenando vital agua dulce en forma congelada durante las épocas frías y lluviosas y liberándola en las estaciones más cálidas y secas.

Sin embargo, en la zona central de Chile, una megasequía, que ha estado en curso desde 2010, ha alterado esta dinámica. El prolongado período seco a menudo ha causado una reducción de la capa de nieve estacional en las montañas, lo que ha limitado el suministro de agua, exacerbado los incendios forestales y secado los cultivos. El invierno austral de 2023 trajo cierto alivio.

El respiro se debe en parte a dos ríos atmosféricos que trajeron abundante lluvia y nieve a la región. Le siguió una primavera relativamente fría que dejó los depósitos de agua de los Andes mucho más llenos de cara a la estación seca que en los últimos años.

La diferencia en la capa de nieve es evidente en este par de imágenes. El 18 de diciembre de 2023 (derecha), al comienzo del verano en el hemisferio sur, la nieve estacional aún cubría los Andes, que se extienden entre Chile al oeste y Argentina al este. En la misma fecha de 2021 (izquierda), quedaba mucha menos nieve y hielo después de un invierno muy seco. Ambas imágenes fueron adquiridas por el Conjunto de radiómetros generadores de imágenes en el infrarrojo visible (VIIRS, por sus siglas en inglés) a bordo del satélite NOAA-20.

18 de diciembre de 2000 – 18 de diciembre de 2023

Los datos del Observatorio de Nieve en los Andes de Argentina y Chile (arriba) muestran que, en 2023, la cobertura de nieve a mediados de diciembre en la cuenca de Tinguiririca estuvo muy por encima de los niveles observados en los últimos años. El observatorio sostiene una plataforma digital que utiliza datos de los sensores del Espectrorradiómetro de imágenes de resolución moderada (MODIS, por sus siglas en inglés) de la NASA para rastrear la capa de nieve en las cuencas de drenaje andinas a lo largo del tiempo.

“La capa de nieve estacional, a menudo agotada para esta época del año, sigue resistiendo”, dijo el científico atmosférico René Garreaud de la Universidad de Chile, “y eso es muy bueno para los ríos que drenan las cuencas andinas en ambos lados de la frontera entre Chile y Argentina”.

La cuenca de Tinguiririca, al sur de Santiago, alimenta uno de los principales ríos que fluyen desde los Andes subtropicales hasta el océano Pacífico. Esta cuenca abastece de agua a la región de O’Higgins, una importante zona agrícola del valle central de Chile, conocida por sus huertos frutales y su producción de vino.

En medio de las señales más brillantes de una capa de nieve más saludable y la recarga de las fuentes de agua, Garreaud advierte que este año lluvioso puede representar no tanto un final sino una mera interrupción de la megasequía. “El cambio climático está empujando a la zona central de Chile hacia un clima más seco”, dijo. Los modelos regionales proyectan una disminución del 35 al 45 por ciento en la capa de nieve de los Andes para mediados de este siglo, incluso en un escenario de bajas emisiones de gases de efecto invernadero, según un estudio reciente.

Imágenes del Observatorio de la Tierra de la NASA tomadas por Wanmei Liang, utilizando datos de VIIRS provenientes del sistema EOSDIS/LANCE de la NASA, GIBS/Worldview y el Sistema Conjunto de Satélites Polares (JPSS, por sus siglas en inglés). Datos de la cobertura de nieve provenientes de los sensores de MODIS, procesados por el Observatorio de Nieve en los Andes de Argentina y Chile, IANIGLA-CONICET y (CR)2. Datos de los límites de la cuenca provenientes de Camels-CL Explorer. Reportaje por Lindsey Doermann.

NASA