“En la próxima década podremos tener una base fija en la Luna donde puedan vivir personas”

Para el antiguo director de Innovación e Ingeniería de la NASA, Omar Hatamleh, la IA y la transferencia de conocimiento entre industrias serán claves para la exploración espacial que nos permitirá alcanzar otros planetas y promover el avance tecnológico en la Tierra.

Omar Hatamleh lleva más de 25 años trabajando con la NASA y aportando un punto de vista basado en la innovación.

Más de 8.000 kilómetros separan Granada (España) del Centro Espacial Johnson (JSC) de la NASA en Texas (EE. UU.). Una distancia nimia si la comparamos con los 384.400 kilómetros que distan de la Tierra a la Luna, o con los 225 millones de kilómetros (de media) que la separan de Marte. Todos esos puntos tan dispares confluyen, de una manera u otra, en el hasta hace nada Director de Innovación e Ingeniería del JSCOmar Hatamleh.

Nacido en la mencionada ciudad española, Hatamleh lleva más de 25 años vinculado a la NASA, desde donde ha contribuido a través de la innovación a hacer realidad sueños como un asentamiento humano prolongado en la superficie lunar y la colonización del planeta rojo. También ha sido Director Ejecutivo del Programa de Estudios Espaciales de la Universidad Internacional del Espacio. Según el experto, que ahora se centra en estudiar cómo la inteligencia artificial (IA) va a cambiar el mundo que conocemos, la transferencia de conocimiento entre sectores será imprescindible para recortar kilómetros y seguir avanzando en la exploración espacial.

¿Cómo se ha transformado la NASA a lo largo de su historia, desde su fundación en 1958?

Ha habido cambios drásticos e importantes: se pasó de la competición a la colaboración. En la década de 1960, estaba en plena carrera espacial entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Con el tiempo, la relación entre países se volvió colaborativa, como ha sucedido con la Estación Espacial Internacional, en la que todas las naciones trabajan juntas para crear un laboratorio en el espacio. Actualmente todo es un esfuerzo internacional.

“Si queremos llegar al espacio profundo tenemos que buscar también más allá de nuestros propios medios y colaborar”

¿Cuál es el próximo cambio que debe producirse?

El siguiente paso es ver cómo apoyamos a start-ups, empresas pequeñas y compañías aeroespaciales para liderar algunos de los retos que tenemos por delante. Si queremos llegar al espacio profundo tenemos que buscar también más allá de nuestros propios medios y colaborar. Es clave encontrar una sinergia entre las agencias espaciales y las compañías comerciales.

Por eso estamos apoyando a compañías como SpaceX que, con nuestro conocimiento y financiación, y sus estructuras más agiles y procesos de gestión más sencillos, pueden tomar más riesgos y ser más innovadoras que nosotros.

La Estación Espacial Internacional es un ejemplo clave de colaboración entre países en el estudio del espacio. / NASA

¿Hay barreras para innovar dentro de la NASA? ¿Cómo se potencia la innovación?

La NASA es una institución gubernamental, y este tipo de instituciones tienden a tener una naturaleza burocrática que puede conllevar ser un impedimento para la innovación. Hay que mostrar que esta siempre aporta valor, y que puede ser muy distinta: puede implicar gastar miles de millones de dólares o puede partir de una pequeña y sencilla idea.

Por ejemplo, una compañía de bicicletas en Holanda casi quiebra porque se estropeaban durante el transporte a domicilio. Después de pensar cómo hacer las bicicletas más robustas, decidieron poner la imagen de una televisión en la caja y así los repartidores tenían más cuidado con ellas. Por otro lado, Apple se hizo famosa por sus ordenadores, pero hicieron una inversión millonaria para pasarse a los teléfonos inteligentes. Así que a veces tienes que gastar el dinero en innovación muy cara para cambiar tu compañía de manera sustancial, y otras no.

Además, esa innovación debe implicar a toda la compañía y en la NASA está abierta a todas las industrias. Ahí es cuando surgen ideas distintas y de donde provienen las mejores soluciones. También se produce de manera recíproca, de la NASA hacia afuera. Ya no existe la innovación enfocada a una sola industria.

¿Cómo se realiza esa transferencia de conocimiento entre la industria aeroespacial y otros sectores?

Tenemos un departamento denominado Oficina de Transferencia de Tecnología. Quien lo desee, pueden ver todo lo que producimos y pedir una cesión. No queremos que lo que la NASA desarrolla se quede en un cajón: todo lo que hacemos está encaminado a crear valor.

La clave es averiguar cómo usar tecnologías de un campo en otro. Aquí entra el concepto de exaptación. Por ejemplo, los pájaros tienen plumas, pero las plumas no fueron diseñadas para volar, sino que estaban pensadas para la regulación de la temperatura. Después empezaron a desarrollar colores para camuflarse y otras utilidades completamente diferentes. Esto es lo mismo: una tecnología de una industria puede usarse para algo completamente diferente en otra.

En la NASA se trabaja constantemente en el diseño de nuevas naves que nos lleven a planetas lejanos, como en el proyecto Orion. / NASA.

¿Algún ejemplo de tecnología que pueda ser adoptada en los viajes espaciales?

La impresión 3D en un primer momento estaba pensada para diseñar componentes y hardware. Ahora se utiliza para crear comida, ropa y medicinas, e incluso para construir casas. Esta última aplicación puede ser muy útil para nosotros porque en el espacio no tenemos todas las piezas que hacen falta, pero sí podemos utilizar recursos útiles como la arena para imprimir cualquier cosa en el exterior de la nave a partir de un archivo.

Si hablamos de innovación en materiales, ¿cuáles son los últimos desarrollos que sirven tanto para explorar al sistema solar como para otras industrias?

El desarrollo de materiales es muy importante para la industria aeroespacial. Si puedes conseguir un material que sea ligero y pueda acumular calor sin degradarse, tendrás éxito. Por ejemplo, las últimas investigaciones señalan al grafeno como elemento clave, también en nanotecnología. Además, tiene otras muchas aplicaciones, como en el campo médico.

¿Cuál cree que será la tecnología más importante en los próximos años?

Tenemos muchísimas tecnologías que serán muy relevantes: la realidad aumentada, los drones, los coches autónomos, la impresión 3D, la computación cuántica y biología sintética. Pero, en mi opinión, la tecnología que mayor impacto y transformación va a tener en la humanidad es la inteligencia artificial.

“Vamos a ir desde una IA generalista a una IA muy parecida al cerebro humano y, desde ahí, a una superinteligencia artificial que será una locura”

La IA lleva años prometiendo esa revolución, ¿qué más le queda por ofrecer?

Para entender su potencial, no debemos basarnos en lo que entendemos ahora por inteligencia artificial, porque ahora solo tenemos una IA muy débil. En los próximos seis o siete años vamos a ir desde una inteligencia artificial generalista a una inteligencia artificial muy parecida al cerebro humano y, desde ahí, a una superinteligencia artificial que será una locura.

En ingeniería seremos capaces de comprobar cómo se comportan millones de piezas en cuestión de segundos para saber cuál elegir. En el campo médico, podremos cruzar libros de medicina y bases de datos de millones de pacientes para obtener diagnósticos más precisos y rápidos. En educación, podremos crear métodos de aprendizaje personalizados. Ya tenemos sistemas que crean cuadros impresionantes, poemas fabulosos y música increíble. Así que imaginemos lo que sucederá en 10 años.

¿Cómo se aplicará la inteligencia artificial en la exploración espacial?

Desde ciertos problemas astronómicos, que ahora se analizan manualmente y para lo que podremos usar IA, hasta en el diseño de componentes específicos, por ejemplo, de vehículos autónomos, para los que podremos usar algoritmos inteligentes que analicen todas las condiciones posibles. Una superinteligencia artificial también podrá viajar en una nave espacial actuando de asistente, médico, mecánico o técnico.

Precisamente, acaba de publicar el libro BetweenBrains junto al también ejecutivo de innovación George Tilesch, sobre cómo la IA va a impactar en nuestra sociedad.

Estamos en el umbral de la era de la inteligencia artificial y en este libro exploramos cómo esta tecnología es el corazón no solo de la economía y la política, sino de nuestras mentes, nuestro trabajo y nuestros hogares. Vamos a tener que adaptarnos a velocidad vertiginosa a este nuevo paradigma, y para ello tenemos que ser ciudadanos y líderes informados.

El proyecto Space Launch System es un paso más en el desarrollo de cohetes para llevar a la humanidad a la Luna. / NASA

Para usted, ¿cuál es el proyecto más prometedor y excitante que está llevándose ahora mismo a cabo en la NASA?

Con programas como KEPLER estamos descubriendo planetas en zonas habitables, muy parecidos a la Tierra y que pueden tener vida. Si hablamos de exploración tenemos el proyecto Orión y el SLS [Space Launch System] que trabajan en los vehículos que van a llevarnos a planetas lejanos como Marte. También se está profundizando muchísimo en aspectos como la microgravedad de los humanos y sus implicaciones.

“La exploración espacial tiene muchísimo valor inspirando a las nuevas generaciones en las profesiones STEM”

Hay personas que piensan que no deberíamos explorar fuera de la Tierra hasta que no hayamos solucionados los problemas de aquí, ¿qué les diría?

Que los beneficios de la exploración espacial son patentes y cuantificables. Tiene un enorme potencial para generar empleo e impulsar la economía: por cada dólar que gastamos en la exploración espacial hay un retorno de entre tres y seis dólares. Además, mucha de la tecnología que se desarrolla en la NASA se utiliza en la Tierra, por ejemplo, software y satélites para el tiempo, el tráfico y la contaminación. Y no menos importante: tiene muchísimo valor inspirando a las nuevas generaciones en las profesiones STEM [ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés]. Cuantas más personas inspiradas consigas, más ingenieros, científicos, físicos y matemáticos tendrás. Ellos serán la fuerza de trabajo del futuro y el motor que moverá la economía.

Después de toda la vida en la industria espacial, ¿qué le queda por ver?

Creo que en la próxima década podremos tener una base fija en la Luna donde puedan vivir personas de manera permanente. Sería algo tremendamente inspirador y excitante para la exploración espacial y un grandísimo paso para la humanidad: podríamos enviar cosas al espacio con menos coste (porque no necesitaríamos salir de la órbita terrestre), desarrollaríamos por primera vez infraestructuras lejos de la Tierra, y aprenderíamos a gestionar in situ recursos como la arena, el oxígeno, la comida y el agua con la vista puesta en explorar otros planetas. Podremos aprender cosas increíbles sobre el espacio.

*Omar Hatamleh ha sido Director de Innovación e Ingeniería del Centro Espacial Johnson de la NASA y Director Ejecutivo del Programa de Estudios Espaciales de la Universidad Internacional del Espacio. Acaba de publicar el libro ‘BetweenBrains’. Su LinkedIn y su Instagram.

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