El efecto hípster: ¿por qué los inconformistas acaban pareciéndose?

Este análisis explica por qué los esfuerzos para rechazar la moda dominante acaban creando otra moda. Los resultados podrían servir para explicar la sincronización de las células nerviosas y las de las estrategias de inversión en finanzas.

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Es muy probable que haya sido testigo del efecto hípster, o que incluso sea víctima de él. Se siente alieando por la moda dominante y necesita demostrar que no forma parte de ella. Quiere usar ropa diferente, probar un nuevo peinado o incluso productos de maquillaje y aseo no convencionales.

Pero, cuando finalmente revela su nuevo look al mundo, resulta que no es el único: millones de personas han tomado exactamente las mismas decisiones. De hecho, todos parecen más o menos idénticos a usted, lo que genera un efecto totalmente contrario al de la declaración anticultural que querían lograr.

Así funciona el efecto hípster, el fenómeno contraintuitivo por el que las personas que se oponen a la cultura dominante terminan pareciéndose. Efectos similares ocurren entre los inversores y en otras áreas de las ciencias sociales.

¿Cómo se produce este tipo de sincronización? ¿Es inevitable en la sociedad moderna? ¿Hay alguna forma de que las personas consigan ser genuinamente diferentes  a la masa?

Algunas respuestas nos llegan gracias al trabajo del matemático de la Universidad Brandeis en Massachusetts (EE.UU.) Jonathan Touboul, quien estudia cómo la forma en la que se transmite la información por la sociedad influye en el comportamiento de las personas que la componen. En particular se ha centrado en una sociedad compuesta por conformistas que copian a la mayoría y por inconformistas o hípsters que hacen lo contrario.

Y su conclusión es que, en una amplia gama de escenarios, la población inconformista siempre experimenta una especie de fase de transición en la que los miembros se sincronizan entre sí para oponerse a la corriente principal. En otras palabras, el efecto hípster es el inevitable resultado del comportamiento de un gran número de personas.

El modelo de la sociedad que ha creado Toubol es relativamente simple. Esta población está formada por conformistas que siguen a la mayoría y por hípsters que hacen lo contrario. Cabe destacar que el modelo también tiene en cuenta el tiempo necesario para que cada individuo detecte cambios en la sociedad y reaccione en consecuencia.

Este plazo de tiempo es importante. La gente no reacciona instantáneamente ante un nuevo par de zapatos que se pone muy de moda. La información se difunde lentamente a través de páginas web de moda, del boca a boca, etcétera. Este retardo en la propagación es diferente para cada persona: algunas pueden seguir religiosamente los blogs de moda, mientras que otras no tienen acceso a ellos y deben confiar en el boca a boca.

La cuestión que investiga Touboul es cuáles son las circunstancias que provocan la sincronización de los hípsters inconformistas y cómo varía este fenómeno en función del retardo de la propagación y de la proporción de hípsters que hay en la sociedad. Para ello, el investigado ha creado un modelo informático que simula cómo los agentes interactúan cuando algunos siguen a la mayoría y el resto se opone.

Este simple modelo genera algunos comportamientos fantásticamente complejos. Touboul explica que, en general, al principio los hípsters actúan aleatoriamente, pero luego experimentan una fase de transición hacia un estado sincronizado. Cree que este fenómeno funciona en una amplia gama de parámetros, pero afirma que el comportamiento puede llegar a ser muy complejo, en función de cómo los hípsters interactúan con los conformistas.

También hay algunos resultados sorprendentes. Cuando hay proporciones iguales de hípsters y de conformistas, la población entera tiende a evolucionar aleatoriamente entre diferentes tendencias. No está claro el por qué, y Touboul quiere estudiarlo con más detalle.

Se puede objetar que la sincronización se origina por la simplicidad de los escenarios de opción binaria. El investigador detalla: “Por ejemplo, si la mayoría de los chicos se afeitan, entonces la mayoría de los hípsters querrán dejarse barba, y si esta tendencia se propaga a la mayoría de la población, dará lugar a un nuevo cambio sincronizado de vuelta al afeitado”, explica Touboul.

Pero si hubiera más opciones, los resultados podrían ser diferentes. Si los hípsters pudieran elegir entre bigote, barba cuadrada o perilla, por ejemplo, tal vez esta diversidad de opciones impediría la sincronización. Pero Touboul descubrió que aunque su modelo ofrezca más de dos opciones, el efecto de la sincronización se mantiene.  No obstante, el investigador afirma que quiere estudiarlo más a fondo: “Vamos a analizar en profundidad esta cuestión para un próximo trabajo”.

Los hípsters son un blanco fácil para las burlas, pero los resultados tienen una utilidad mucho más amplia. Por ejemplo, podrían servir para comprender los sistemas financieros en los que los especuladores intentan ganar dinero con decisiones contrarias a las de la mayoría en una bolsa de valores.

Ciertamente hay muchas áreas en las que la propagación retardada de la información juega un papel importante. O como lo expresa Touboul: “Más allá de la elección del mejor traje para llevar este invierno, este estudio puede tener implicaciones importantes para la comprensión de la sincronización de las células nerviosas, de las estrategias de inversión en finanzas, o de las dinámicas emergentes en las ciencias sociales”.

MIT