El día que el descubridor del grafeno realizó con un espectáculo de pirotecnica gracias a él

Andre Geim y Konstantin Novoselov, científicos de la Universidad de Manchester (Reino Unido), fueron distinguidos en 2010 con el Premio Nobel de Física “por sus experimentos fundamentales sobre el material bidimensional grafeno”.

Desde entonces, el grafeno ha sido el material de moda, y el que mayores especulaciones ha suscitado, si bien ninguna se ha concretado a nivel comercial. Con todo, quizá Novoselov fue el que usó su propio descubrimiento de una forma ciertamente poética.

Arte

Novoselov no solo ha usado la tinta de grafeno en sus pinturas (es un gran artista en el campo de la pintura tradicional china) porque asegura que su color es difrente a la tinta convencional, sino que también usó grafeno para promocionar una galería de arte.

Uniendo sus esfuerzos a los de Cornelia Parker, una de las artistas más aclamadas de Gran Bretaña, concibió una exhibición para la apertura de la Galería de Arte Whitworth. El grafeno era el material que se había empleado para construir un sensor que activaría la exhibición; un sensor ultransensible que reaccionaba a la humedad, así que bastaba con que Konstantin le lanzara un poco de aliento para poner en marcha el espectáculo. Lo más llamativo, sin embargo, era la procedencia del grafeno: había sido obtenido mediante la exfoliación de grafito de un dibujo de William Blake.

También acabaron sacando grafito de los dibujos de otros artistas prominentes, como John Constable, Pablo Picasso, Joseph Mallord William Turner o Thomas Girtin. Finalmente, también extrajeron grafito de una carta escrita a lápiz por Ernest Rutherford, cuyo trabajo sobre estructura atómica fue pionero.

Apenas se extrajeron cantidades microscópicas (escamas de menos de 100 micrómetros) de cada uno de los dibujos, así que no estaban estropeándolos de ninguna forma que fuera visualmente perceptible. El grafito sustraído de las obras de arte era una mota tan diminuta que nadie sería capaz de detectar que faltaba.

La exhibición de fuegos artificiales había sido diseñada por Parker, quien había agregado trozos de hierro meteorítico procedentes de un meteorito de Arizona. Parker se había inspirado en el poema de Blake, América una profecía, de 1973, en el que escribió a propósito de “meteoros rojos” y “cometas errantes”. “De alguna manera esta exhibición de fuegos artificiales será una exhibición de fuegos artificiales blakeianos”, señaló Parker.

Era como revivir los viejos dibujos de los viejos maestros y otorgarles una segunda vida en forma de espectáculo pirotécnico. Era una forma de mezclar arte y ciencia que le parecía profundamente poética. Pero también era una manera de llamar la atención del mundo, a través de luces y ruido, de que el grafeno podía cambiar gran parte de la tecnología que usábamos a diario.

Xataka